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Instituto: números que no cierran y decisiones que tampoco

Foto del escritor: todoenjuego6
todoenjuego6
5 may
3 min de lectura

En Alta Córdoba intentan maquillar una realidad que los números se encargan de desnudar cada fin de semana. Porque más allá del discurso optimista, Instituto no muestra señales de evolución: muestra síntomas de estancamiento.


El dato es frío, pero contundente: apenas 17 goles en 16 partidos, un promedio de poco más de un gol por encuentro. Un equipo que pretende competir no puede sostenerse con esa producción ofensiva; no funciona.


En Instituto ya no alcanza con explicar. Tampoco con prometer. Mucho menos con repetir que “el proyecto es a largo plazo”. Porque cuando la realidad golpea todos los fines de semana, el discurso empieza a sonar más a excusa que a convicción.


Los números no mienten: Instituto es un equipo sin gol, sin referentes ofensivos y sin respuestas.


Pero el problema va mucho más allá de lo que pasa dentro de la cancha.

Tiene responsables. Y están identificados.


Juan Manuel Cavagliatto lo dijo públicamente: “El comienzo fue malo, no estoy ajeno” y también reconoció que el equipo está en deuda. La autocrítica existe. El problema es que no alcanza con reconocerlo si nada cambia.



Porque mientras el presidente habla de tranquilidad, de procesos largos, codeandose con los altos dirigentes del fútbol argentino, alegando que “no podemos perder la calma”, el equipo sigue mostrando exactamente los mismos defectos partido tras partido.


Y ahí es donde el discurso empieza a romperse.

¿Por qué sí el proyecto es a largo plazo, no se ve un crecimiento y nadie logra explicar ese supuesto crecimiento?. ¿Por qué si los refuerzos se plantearon como una solución, hoy son parte del problema.?


Y en ese punto aparece el otro nombre clave: Federico Bessone.

El armado del plantel es suyo. El mercado de pases es suyo. Y los resultados, inevitablemente, también.

Instituto viene de mercados cuestionados, con incorporaciones que no rindieron, otras que llegaron lesionadas o que directamente nunca lograron continuidad. No es una percepción: el propio club atravesó momentos de incertidumbre con su continuidad y evaluaciones internas del proyecto deportivo.



Entonces la pregunta es inevitable:¿qué se planificó realmente?

Porque hoy Instituto es un equipo mal armado, corto, sin variantes, sin gol, y con una estructura que se desarma ante el primer problema.


No hay goleador. No hay peso ofensivo. No hay jerarquía en los momentos clave. Y cuando un equipo no tiene eso, todo lo demás es maquillaje: la defensa puede sostener, por momentos; el orden puede disimularse; pero sin gol no hay proyecto que resista.


Lo más preocupante es que no hay reacción. Instituto no es un equipo en transición: es un equipo estancado. Siempre en construcción. Siempre esperando algo que nunca llega.


Mientras tanto, desde la conducción se insiste en sostener una narrativa que ya no convence: Se habla de “competencia interna”, pero siempre se ven los mismos jugadores aunque no rindan, se habla de "refuerzos", pero pocos llegan a serlo, se habla de “proyecto”, pero no hay evolución.

Y en el medio, el equipo pierde tiempo, puntos y credibilidad.


Porque en el fútbol argentino, el margen es mínimo, e Instituto lo está gastando todo.

El dato más incómodo no es la posición en la tabla, es la sensación de que nada de esto es accidental.

Es consecuencia de decisiones, de mala planificación y de insistir en un camino que no está dando resultados.


Cavagliatto asumió ser el máximo responsable, mientras que, Bessone fue el encargado de ejecutar el proyecto.

Hoy, los dos están en el centro de la escena; no por lo que dicen, sino por lo que el equipo muestra: un equipo sin gol, sin respuestas y sin rumbo claro.


Ojo, no está último, tampoco en crisis terminal; pero está en algo peor, una zona gris donde nada explota… pero tampoco mejora.

Y en el fútbol, eso suele ser el principio del problema, no el final, porque indudablemente hay algo que ya no se puede tapar.


El relato se agotó, la cancha ya dio su veredicto, quedan 90 minutos por jugar.

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